INVESTIGACIÓN

Investigaciones que buscan posibilidades para la arquitectura a partir de su relación con otras disciplinas. Éstas se publican en este blog y culminan en un evento.

Esculturas, juguetes e insectos animados: Los inicios del Stop-Motion.  

 

por Sofía Secin

 

Si el cine hizo posible uno de nuestros más grandes miedos –dar vida a lo inanimado–, no es casual que la mayoría de las películas producidas en sus inicios, cuando el stop-motion también comienza a abrirse paso, hayan tratado exactamente sobre objetos que de pronto cobran vida y acechan la tranquilidad de los humanos. Un buen ejemplo es The Sculpture’s Nightmare (1908), de Billy Blitzer, que, como lo dice sugiere su nombre, trata de esculturas que cobran vida.

Sucede que al artista le solicitan esculpir una serie de bustos para tres miembros del congreso estadounidense, pero éste, en lugar de ponerse a trabajar, decide irse a beber con su modelo. Bebe tanto que lo llevan a la cárcel y entonces ocurre la pesadilla.

Claro está que los juguetes, especialmente las muñecos de madera o las muñecas de porcelana, fueron recursos sumamente solicitados cuando apenas iniciaba el stop-motion.

En cierta forma, el juguete era ya una presencia de lo siniestro –o the uncanny, por usar los términos de Freud–. Justamente, la que se considera la primera producción que utilizó stop-motion, El circo de Humpty Dumpty, producido en 1908 por Albert E. Smith y J. Stuart Blackton, trata justamente de un juguete que se convierte en un acróbata. Smith y Blackton también produjeron otros proyectos en conjunto, como el The mysterious cafe (1901); un pequeño episodio cómico sobre una cafetería en donde los objetos cobran vida y atormentan la visita de los comensales.    

The Mysterious Cafe

 

Algo parecido sucede en The automatic moving company, de Emil Cohl (1912): 

Por su cuenta, Ladislas Starewich fue el primero en crear narrativas complejas y consistentes a usando muñecos o títeres. Tal es el caso de Le Roman de Renard (que tardó más de diez años en realizar),  o The Mascot (1934), una especie de antecedente de Toy Story. Sin embargo, también fue famoso por usar insectos muertos con los que hizo varios documentales y cine de ficción, como cuando llevó a la pantalla la fábula de la hormiga y la cigarra (1911).

Le Roman de Renard

La hormiga y la cigarra 

 

 

 

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